El mapa que muestra las líneas de transmisión y distribución eléctricas que recorren Estados Unidos parece una tela tupida. Es la imagen de un tejido que garantiza que la electricidad llegue a hogares, comercios, calles, escuelas, hospitales y fábricas. Sin embargo, un análisis más detallado de este mapa revela que este telar, creado en su mayoría hace más de medio siglo, requiere atención e inversión para evitar grietas que den lugar a apagones. Es una atención que también es crítica ante la llegada de nuevos clientes con un enorme apetito energético, los centros de datos para inteligencia artificial.
