Un centenar de asistentes ha ido la mañana de este martes a la Puerta del Sol, en Madrid, para rendir homenaje a las víctimas de los atentados yihadistas del 11 de marzo de 2004, en los que murieron más de 190 personas y otras 1.400 resultaron heridas. El mayor ataque terrorista en suelo europeo. Se refugian bajo sus paraguas y forman entre todos una masa de colores oscuros. Hace más de una semana que no deja de llover en la capital. Son las nueve de la mañana. De fondo suena Adagio in G Minor, de Tomaso Albinoni. Por lo demás, el silencio es absoluto. En una tarima, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida, mantienen un gesto serio y la espalda recta. Junto a ellos no está el delegado del Gobierno, Francisco Martín, que no ha recibido su invitación institucional porque, según el alcalde, “ataca sistemáticamente a Madrid”. Sin embargo, está allí, entre el público. “He venido por respeto institucional y respeto a las víctimas”, se ha justificado. Esta última polémica apuntala la tensión que se respira entre el Gobierno municipal y regional y La Moncloa.
