El Real Madrid se internó en la hoguera de su propio estadio con las mismas carencias que antes de que prendiera el fuego, la misma ausencia de ideas, y gracias a la clarividencia de Güler escapó bastante entero de una tarde de silbatina y dos peticiones de dimisión de Florentino Pérez. Después de perder en la Copa contra un Segunda, al equipo de Arbeloa se le atragantó también un Levante instalado en descenso bajo el descontento general de la grada. El que tenían acumulado y el del propio partido, otro ejercicio desnortado hasta que apareció el turco y Mbappé anotó un penalti.
