
Cuando era niño circulaban chistes sobre la Renfe que aún hoy serían de actualidad. No se repiten porque el humor es perecedero y una broma cualquiera enseguida suena vieja y ha sido superada por la siguiente. Pero el leit motiv de aquellos chistes sigue vigente si lo aplicamos a Rodalies. Aunque poca gracia le haría a las personas que día tras día sufren las insuficiencias de un servicio público que desmiente toda presunción de Estado eficaz, líder y puntero. Ya no digo a las que la semana pasada tuvieron que caminar por las vías después del penúltimo fiasco. Por eso, debatir sobre el caos de Rodalies es de lo más tangible que puede hacer un Parlament en estos momentos. Y así ha ocurrido este miércoles en la sesión de control al presidente de la Generalitat.
