La economía española sigue viviendo un momento dulce, y es muy probable que los datos de actividad y del mercado laboral que se darán a conocer esta semana avalen la sensación de resistencia ante los desvaríos globales. La transición de un sistema multilateral basado en reglas a otro gobernado por las asimetrías de poder y las demostraciones de fuerza bruta han traído consigo un parón del motor exterior de la expansión, pero los hogares siguen consumiendo y las administraciones ejecutando con holgura el remanente de fondos europeos todavía disponibles.
