Los bonobos y los chimpancés son nuestros parientes más cercanos y, por eso, en sus comportamientos se suele buscar la naturaleza humana ancestral. Ambas especies son muy similares, pero, en ese esfuerzo de intentar descubrir en ellos lo que somos, se suelen atribuir a los bonobos nuestras inclinaciones más benévolas y cooperativas y a los chimpancés las más violentas y competitivas. Como si ellos, a diferencia de nosotros, que podemos ser monjes jainistas o genocidas a escala industrial, solo fuesen una cosa.
