La inteligencia artificial (IA) corre como la pólvora. El 75% de las compañías ya trabaja con ella, según un informe de la consultora McKinsey. Pero es la versión generativa la que se ha colado como pilar estratégico. Con un objetivo claro: situar al trabajador en el centro del negocio. Y para ello despliega toda una legión de todoterrenos, los agentes digitales, que, hábilmente entrenados por el empleado, son capaces de neutralizar todo aquello que le aparte del foco: distracciones, rutinas o lapsus en la oficina. No sólo eso. Pueden operar, además, en múltiples plataformas y adaptarse a distintos entornos. La misión de estos superagentes, los denominados GPT, pasa por lograr optimizar los resultados de su programador y ganar para él algo muy preciado: tiempo.
Construir mi robot
Carmen Rubiales, analista de demanda y precios de Endesa, ha configurado su ayudante “escribiendo buenos prompts (instrucciones que se le dan a la IA para que genere las respuestas)”. Lo ha programado para tareas complejas en Excel. “De una tabla con muchas columnas de la que necesito extraer datos concretos, le pido que me cree una fórmula en cualquier lenguaje de programación para extraerlos y le pongo un ejemplo de la operación con datos ficticios”. También ha entrenado a su agente digital utilizando palabras clave para “que me haga resúmenes del Boletín Oficial del Estado” o para que “me genere una fórmula para programar extracciones masivas de datos con los que elaborar reportes internos relativos a precios del mercado, consumidores o clientes”. La eléctrica ha puesto en marcha la comunidad Sinergia, integrada por 200 expertos. Son los embajadores de la estrategia en torno a la IA de Endesa encargados de formar a sus 9.000 empleados.
