Los días turbulentos han pasado para Andrés Manuel López Beltrán. El escándalo que desató su lujoso viaje en agosto a Tokio, Japón, lo puso en el foco público y después con un perfil bajo, lo que ocasionó que sus actividades como secretario de Organización de Morena —el partido fundado por su padre, el expresidente Andrés Manuel López Obrador — fueran pausadas y sus apariciones escasas. López Beltrán ha dejado las sombras para regresar al escenario político y retomar la gira que empezó por todo el país a inicios de año. La meta es afiliar a 10 millones de personas al partido gobernante. Su retorno ha venido acompañado de un puñado de matices y simbolismos que avizoran una incipiente bifurcación en el corazón del oficialismo. El segundo al mando de la agrupación política ha regresado en solitario, sin el acompañamiento de la dirigente nacional del partido, Luisa María Alcalde, a la que, además, va siguiendo los pasos en el territorio.
